Etiqueta: menstruacion

  • Naciones Unidas pone el foco en el 2020 en el derecho a la salud sexual y reproductiva

    Naciones Unidas pone el foco en el 2020 en el derecho a la salud sexual y reproductiva

    El apadrinamiento de niñas, para facilitar la escolarización para evitar el matrimonio precoz en zonas de Nepal, es un nuevo proyecto de la asociación be artsy.

    Naciones Unidas ha convocado reuniones de gobiernos, activistas para el derecho de las mujeres, y otros agentes, entre Mayo y Julio de este año. Agentes que promueven una campaña global – Generación Igualdad, con foco en Ciudad de México y en Paris – en el 25⍛ aniversario de la Declaración y plataforma para la acción – Beijing 1995. La declaración denunciaba la desigualdad de género y planteaba posibles cambios en derechos de las mujeres, y que “la norma es la igualdad”. En una introducción a la campaña, UN Women lo explica: “Imaginaros un mundo donde todas las personas tengan igualdad de derechos y oportunidades. Las mujeres y las niñas no tienen miedo de caminar a casa por la noche y los hombres y los niños no quedan atrapados en masculinidades opresivas”. Donde haya “igualdad de liderazgo político, en las salas de juntas corporativas y en los suelos de las fábricas. Las mujeres tienen la palabra en las decisiones que afectan a su vida, su cuerpo, sus políticas y su entorno, desde los pueblos a las ciudades”.

    Este año, se prevé que unos 160 países – 189 estados que hicieron la declaración adoptaran por unanimidad – informen sobre los avances conseguidos, y el secretario general de las Naciones Unidas haga una evaluación general. La nueva campaña habla de facilitar sinergias – explica Katja Iversen, responsable del grupo global Women Deliver – “para avanzar en forma efectiva en temas como el derecho al aborto, a salud reproductiva, o poner fin a la violencia”. “El potencial para el cambio es enorme” – sigue – “pero ya hay demasiados compromisos vacíos, se debe acabar este año con una acción contundente, responsable y atrevida”.

    La declaración también abarcaba, entre 12 áreas claves, el trabajo digno en cualquier sector e igualmente retribuido, y evaluar el impacto de la degradación ambiental en las mujeres, y su papel en un desarrollo sostenible, especialmente en zonas rurales, donde también las niñas y las mujeres sufren un acceso más difícil a la educación. Este derecho es cuestionado en algunos países, y si no lo es, las dificultades para acceder a la educación hacen, por ejemplo, que muchas niñas se vean obligadas a casarse prematuramente. También Naciones Unidas y otras organizaciones señalan vulneraciones de derechos básicos, en el matrimonio precoz o forzado de las niñas.

    Proyecto de apadrinamiento de niñas y adolescentes a Achham.

    En este sentido, el proyecto Edufem de la asociación be artsy parte de la premisa que por cada año de educación se puede retrasar dos años la edad de casamiento de las niñas de las zonas rurales remotas de Nepal donde trabaja. Niñas de 13 o 16 años son casadas antes de poder hacer algún curso más avanzado, ellas piensan que su futuro implica trabajar en casa de sus suegros, o bien dejan la escuela antes por el trabajo en el campo de sus padres. Es un proyecto paralelo, y complementario, al proyecto Rato Baltin que la ONG lleva a cabo desde 2017, con el cual denuncia la discriminación extrema de niñas y adolescentes, que por motivos de tradiciones de origen tribal – hinduistas, que consideran a la mujer impura cuando tiene la menstruación. Y que además las expone a violaciones, o morir fuera de su casa cuando tienen que practicar el chhaupadi. A través de talleres y actividades, promueve la educación y el debate público sobre este factor sociocultural en el país.

    Con este nuevo proyecto, Clara Garcia i Ortés, co-fundadora de be artsy, que ha estado nominada al premio humanitario Robert Burns en su edición 2020, empezó el 2018 a hacerse cargo personalmente de apadrinar dos chicas, Manisha N. y Tejana, en el 2019 be artsy ha contado con dos padrinos que ayudan a dos chicas más, Sangita y Manicha B. Para seguir con el proyecto trabajan para conseguir sponsor para la escolarización de Tulsi y Kamala. El feedback, la respuesta, en términos de mayor bienestar y auto seguridad que estas adolescentes dan, ha animado a la entidad a iniciar este nuevo proyecto. Algunas voluntarias han comenzado a dar clases de inglés, en línea, a las chicas, para ayudarlas a comunicarse
    mejor con las personas que participan en el proyecto, con apoyo para pagar la escuela y tener la ayuda básica en el día a día que facilite seguir la escolarización.

    Texto de Josep Marín & Fotos© Clara García Ortés.  
    Traducción de Clara Pinilla.

    Por un 1’80 € al día, ¡cambias el futuro de una niña y evitas que la casen con 16 años!

    Hay diferentes maneras para ayudarlas:
    Grupo de Teaming: 1 euro al mes – hazte del grupo y consigue amigos que te ayuden a apadrinarla!

    Donación regular a https://donorbox.org/againts-chhaupadi
    Asóciate: https://beartsy.org/asociate/

    🙂 Gracias!

  • Diario de viaje: 2076/2019 – seguimiento, adaptación y planificación para el futuro

    Diario de viaje: 2076/2019 – seguimiento, adaptación y planificación para el futuro

    Seguimiento del proyecto – noviembre 2019. Estábamos en Katmandú, casi listas para emprender de nuevo el viaje hacia Achham.

    Esta vez el equipo que viajó desde Katmandú se componía de Rupa: manager del proyecto; Simran: estudiante de Cooperación Internacional en prácticas; Sharmila: salud comunitaria, aunque nos acompaña como traductora; Rita: periodista, que acompaña al proyecto para fotografiar en persona lo que allí pasa y así completar una noticia sobre el trabajo que realizamos; Clara: directora del proyecto; y Bea: terapeuta menstrual. 

    Al llegar a Mangalsen nos esperaban las chicas: Tejana y Manisha como coordinadoras del proyecto, Hiunkala y Rohina como formadoras, y Tulsi, Manisha, Kamala, Rabina  y Janaki como mentoras.

    Lo primero en la agenda era llegar a Mangalsen y facilitar una formación para las formadoras y mentoras sobre cómo se desarrollaría el seguimiento. Era importante que todas supieran qué era lo que se esperaba de ellas.

    Como siempre, llegar a Mangalsen fue una aventura, mezcla de buses y jeeps, intercalados con paradas de té y snacks para sobrevivir los 2 días de viaje (¡¡hemos reducido un día!!).

    En un solo día explicamos a todo el equipo cómo llevar a cabo el seguimiento, las rutinas, tiempos y materiales, y nos separamos en grupos para cubrir los 12 pueblos que teníamos que visitar. En cada equipo había chicas para las que no era la primera vez que hacían el seguimiento, y ya conocían las rutinas de cada año. 

    Éramos 3 equipos, cada uno de los cuales, como primera tarea, visitó un pueblo de la municipalidad de Sanphebagar (Patalkot, Sirkot y Kalsen), y luego tendríamos que visitar los tres pueblos de cada una de las otras tres municipalidades: Turmakhand, Dhakari y Mangalsen.

    Nos separamos y comenzamos con el seguimiento. Pasamos 3 noches en cada pueblo y durante ese tiempo tuvimos que encontrar a todas las mujeres del pueblo y a todas las niñas de la escuela que usan la copa menstrual, realizar el seguimiento con ellas, y el día antes de irnos a mostrar a toda la gente del pueblo la película de Mira Rai. 

    Por suerte, dentro del equipo, habíamos dividido las tareas a realizar, así que trabajamos juntas para que todo se llevara a cabo de la manera más eficaz posible, ¡cosa que a veces, en Nepal, parece imposible!

    En seguida nos dimos cuenta de que encontrar a todas las mujeres era muy difícil, la mayoría estaban en el campo trabajando, y no tenían tiempo para venir a la escuela a hacer el seguimiento. Por lo que, como dice el dicho, “si Mahoma no va a la montaña, la montaña irá a Mahoma”: recorrimos todo el pueblo y los alrededores buscando mujeres, llamando a las puertas de las casas, preguntando a la gente que encontrábamos por los caminos…

    Después de ese primer pueblo, nos reunimos todas en Sanphebagar, para comentar la jugada, poner sobre la mesa problemas que habíamos tenido, y dudas que hubieran surgido. Comimos juntas y pusimos en común las primeras impresiones. La salud de Rupa había sido muy precaria durante esos primeros días y al ver que no mejoraba, decidimos que era mejor que se fuera a Katmandú con Rita con el avión desde Dhangadhi .

    En los tres pueblos las cosas habían ido solo regular, lo que nos hizo pensar que alguien había estado interrumpiendo el trabajo, y teníamos nuestras sospechas de quién (y algo más que sospechas…).

    Durante los siguientes días, los 3 grupos recorrimos los 9 pueblos restantes: Jupu, Banatoli y Mangalsen, de la municipalidad de Mangalsen; Dhamali,Toshi y Raniban de la municipalidad de Turmakhad; y Hichma, Dhungachalna y Dhakari de la municipalidad de Dhakari.

    No encontramos a todas las usuarias, así que quedo claro que el trabajo no estaba acabado, y decidimos que las formadoras continuarían a principios de diciembre.  Necesitábamos saber si cada usuaria de la copa la estaba utilizando, si estaban contentas con ella, si necesitaban algo, si gracias al uso de la copa y los talleres que ofrecimos en mayo su relación con la menstruación había mejorado, y si había cambiado en algo cómo viven sus días de sangrado menstrual; y lo más importante, ¿siguen practicando el Chhaupadi?

    Toda esta información es crucial para la continuación del proyecto. El 15 de noviembre acabamos el último pueblo, llevamos todo el material restante a Mangalsen y nos preparamos para volver a Katmandú. 

    Las chicas de Achham harán otra formación de la copa menstrual en febrero y el equipo volverá en mayo desde Katmandú para el proyecto del 2020.

    Seguimos trabajando, con todo nuestro corazón y ganas puestas en el proyecto. Gracias por apoyarlo. Hazte soci@. Es importante. Te necesitamos.

    Texto & ©fotos de Bea San Román

    Puedes hacerte teamer por 1€ al mes apoyando al Proyecto Rato Baltin o al Proyecto Edufem

    O echar un vistazo a otras formas de donar en https://beartsy.org/es/donacion/

    ¡Gracias! 🙂

  • La lucha contra el Chhaupadi en Nepal: Entrevistamos a la fotógrafa y presidenta de la ONG Be Artsy, Clara García Ortés.

    La lucha contra el Chhaupadi en Nepal: Entrevistamos a la fotógrafa y presidenta de la ONG Be Artsy, Clara García Ortés.

     

    Hace exactamente 3 años, dimos a conocer un proyecto pionero de la ong Be Artsy. Bajo el nombre de Rato Baltin, la iniciativa se centra en la educación de comunidades rurales del Nepal sobre la menstruación y salud.

    Si no escuchaste el programa, repasemos un poco el contexto de esta situación que viven las mujeres nepalíes.

    En Nepal, desterrar a las niñas y mujeres que están menstruando a cobertizos o chozas es una tradición centenaria llamada chhaupadi, a pesar de que, por ley, es una práctica prohibida.

    Durante esos días, las mujeres son consideradas impuras, sucias, contaminadas y con mala suerte. No pueden tocar a su familia, pero tampoco fuentes de agua, árboles frutales o ganado, entre otras muchas cosas. La creencia de que la menstruación es impura es tan profunda que las familias pasan por alto los riesgos extremos involucrados en la práctica.

    Con esta práctica, las niñas y las mujeres quedan expuestas a problemas de salud, como neumonía, diarrea o infecciones, y a violaciones. Cada año, 3 o 4 mujeres mueren durante este destierro, debido a asfixia, hipotermia, mordeduras de serpientes u otros ataques de animales salvajes.

    La práctica es apoyada por ancianos, esposos, suegras, curanderos tradicionales y sacerdotes que tienen una profunda influencia en la comunidad, ya que la creencia de que permitir que las mujeres que menstrúan entren dentro de la casa de la familia enfurecerá a los dioses, con graves consecuencias para las familias y la comunidad, sigue todavía muy vigente.

    Ante esta situación, Be Artsy ha propuesto el Proyecto Rato Baltin, un programa de Gestión de la salud menstrual y educación sexual que tiene como objetivo erradicar esta práctica. Mediante la educación, la fotografía participativa y la copa menstrual, se ofrece una alternativa a la tradición, a la estigmatización de la menstruación, a la exclusión y a la violencia.

    Han pasado tres años desde que conocimos el tema, y ahora queremos saber cuál ha sido el recorrido del proyecto y en qué situación se encuentra, por eso hemos contactado con la fotógrafa y presidenta de la ONG Be Artsy, Clara García Ortés.

     

    Entrevista publicada en Reenfoca2 - Versión PDF

     

  • ¡No te pierdas las exposiciones sobre Rato Baltin!

    ¡No te pierdas las exposiciones sobre Rato Baltin!

    Ya hace días que vamos hablando de la exposición en las redes, hoy os la queremos presentar.

    Exposició sobre Rato Baltin

     

    La idea de mezclar las fotos que hacen las niñas durante el proyecto Rato Baltin con fotografías de mujeres creativas de aquí fue de Magda Gavaldà.

    La exposición es en realidad 2 exposiciones diferentes y una instalación, mezclada con charlas por parte de Clara Garcia Ortés o alguna otra persona de la asociación.

    La primera exposición es en foam y girará por las bibliotecas de Barcelona o de cercanías una buena temporada. Es la que ahora se puede ver en Poble Sec (Biblioteca Poble Sec-Francesc Boix) hasta el 10 de diciembre y a partir del 11 de diciembre se podrá ver en Cornellà.

     

     

     

    La segunda va en forma de roll-up y no llegó a tiempo a Tona (Donaveu Associació de Dones de Tona – Biblioteca Caterina Figueras), donde hicieron una de alternativa y fantástica, pero si que podréis disfrutar en la Biblioteca Volpelleres Miquel Batllori de Sant Cugat hasta final de mes, en enero irá a Berga!

     

    Exposició sobre Rato Baltin

     

     

    El Comisariado artístico de la exposición va a cargo de Alba Metzger y no ha sido un trabajo nada fácil ligar ideas tan diferentes en una sola exposición.

    Hasta ahora hemos contado con la ayuda de Nuria, Paula y Laura para el montaje. ¡En las futuras exposiciones, contaremos con más voluntarias!

    La instalación, la podéis ver en los escaparates de la Biblioteca del Clot – Josep Benet (en el edificio del Museo del Diseño) hasta finales de diciembre y ha ido a cargo de Viviana Sansone (los vídeos los ha preparado Marina Gallego).

     

     

    ¡Os esperamos el día 17 de diciembre a les 18:30 para la conferencia que dará Clara!

     

    Muchas gracias a todas las personas implicadas y por favor, si quieres implicarte o llevar las exposiciones, instalaciones y charlas a tu pueblo, o deseas ayudarnos en los montajes, Poneros en contacto con nosotros! info@beartsy.org

    ¡Gracias a todos por la fantástica acogida!

    ¡Asóciate a nuestro proyecto! Os necesitamos más que nunca: https://beartsy.org/es/asociate/

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  • Charla y proyección sobre el proyecto Rato Baltin

    Charla y proyección sobre el proyecto Rato Baltin

    Xerrada i projecció sobre el projecte Rato Baltin

    Barcelona – Dijous, 28/11/2019

    Coincidint amb els últims dies de l’exposició de fotografies mostrada per l’associació be artsy, la Biblioteca Francesc Boix co-organitza una xerrada i projecció.

    El 28 de novembre, a les 19.00 h a la Biblioteca Francesc Boix del Pobre Sec, a Barcelona, podeu assistir a la xerrada i projecció que Clara Garcia, fundadora del projecte Rato Baltin, farà sobre com es viu la menstruació a l’oest de Nepal.

    Fins aquest dia, es pot veure una exposició fotogràfica que mostra aquesta realitat, juntament amb la mirada de dones occidentals, i sobre com es desenvolupa el projecte d’educació que es realitza al país de forma participativa amb les nenes, dones, i les comunitats.

    Horari de l’exposició (entrada gratuïta): dilluns i divendres de 16.00 h a 21.00 h, dimarts i dijous de 10.00 h a 14.00 h, i de 16.00 h a 21.00 h, dimecres de 10.00 h a 21.00 h, dissabtes de 10.00 h a 14.00 h.

    Data:  Dijous 28 nov  Hora: 19:00
    Organitzador: Biblioteca Francesc Boix i be artsy

    Correu electrònic de l’organitzador: info@beartsy.org

    Notícia publicada en Xarxanet.org – Versión PDF

  • ¿Cómo sería crecer siendo mujer en Achham, Nepal?

    ¿Cómo sería crecer siendo mujer en Achham, Nepal?

    Han sido ya muchos meses desde que dejé Nepal. Mi vida como voluntaria en el Proyecto Rato Baltin parece muy lejana, porque han ocurrido muchas cosas desde que me fui de Achham, pero todavía puedo sentir cómo ser parte de este proyecto provocó cambios en mí misma y en mi vida.

    Cuando al principio empecé a escribir sobre mi experiencia como voluntaria, pensé que compartiría mi punto de vista sobre la contribución de la tecnología en proyectos de desarrollo. De hecho, la mayoría de mis tareas como voluntaria eran preparar formularios en esta nueva aplicación que utilizábamos para recoger datos en el campo. Este software, “Kobotoolbox”, me mantuvo ocupada desde febrero hasta que dejé Katmandú en junio. Yo era una estudiante de cooperación internacional y había aprendido la importancia de recoger datos en el campo, y Kobo era una tecnología fantástica que nos permitiría conseguir toda la información que necesitábamos sin necesitar estar conectados a internet. Con esta herramienta, podíamos recoger y guardar todos nuestros datos desde sitios remotos y descargarlos tan pronto volviéramos a la oficina con conexión a internet. Los datos son esenciales porque nos proveen información sobre el impacto del proyecto y con el uso de la tecnología la información queda protegida y se evita perder papeles. Es también una gran ayuda para empoderar a la población porque es una herramienta genial para desarrollar nuevas habilidades y tener acceso a información fiable de forma más rápida.

    En efecto, era asombroso ver a las jóvenes mentoras y formadoras aprender a utilizar las tablets. Las responsabilidades que conllevaban sus tareas las ayudaban a crecer y tener confianza en lo que eran capaces de hacer en tan corto plazo de tiempo. Y para mí, el desafío era ser capaz de explicarlas cómo utilizar el aparato sin hablar el mismo idioma. Paciencia e imaginación se convirtieron en mis mejores amigos y me aseguré de mantener esas cualidades durante el tiempo que pasé en los pueblos.

     

    A girl learning and working with a tablet, in Nepal

     

    Cuando empecé a escribir el primer borrador de este testimonio me di cuenta de que no estaba hablando sobre lo que sentía respecto a mi experiencia con el proyecto. No era capaz de expresar mis sentimientos hacia el mismo porque no podía dar un paso atrás para mirar y ver lo que había traído a mi vida. Yo estaba segura de que el proyecto tenía un impacto positivo en las chicas y mujeres de Achham, pero no podía ver el impacto que tenía en mi propia vida.

    Tuve que recordar: ¿por qué decidí ir al oeste de Nepal en vez de irme de senderismo? Nepal era un destino soñado por mí desde hacía mucho tiempo, pero tengo que admitir que, excepto por el hecho de que es el lugar de nacimiento de Buda y que hay muchas actividades de exterior debido a la cadena de montañas, no conocía demasiado sobre la gente y la cultura. De modo que cuando mi amiga Marisol vino de vuelta de su viaje al Anapurna, y me dijo que había conocido a esta fantástica mujer española que hace un increíble trabajo para las mujeres jóvenes luchando contra la práctica del Chaupadi, mi primera y única pregunta fue: ¿qué es el Chaupadi? Estaba estudiando cooperación internacional, y había analizado todo tipo de proyectos diferentes sobre el empoderamiento de la mujer, pero nunca había oído hablar de una práctica tan degradante y peligrosa para mujeres y chicas. Cuando empecé a investigar y me fijé en las acciones del Proyecto Rato Baltin, ¡tuve claro que quería formar parte de ello! Quería ser capaz de utilizar mis conocimientos de estos dos años de estudio de cooperación internacional para un proyecto en el que creyera. Además de eso, fuera una oportunidad para mí de descubrir este país que soñaba con explorar.

    Mi semestre en la universidad había terminado y estaba volando y conduciendo todo el camino hacia Sanfebagar en Achham, a mediados de abril. Cuando Clara me dijo que me tomaría dos días en autobús para llegar a nuestro punto de encuentro para la formación, tengo que admitir que no estaba segura de a dónde iba, y estaba un poco preocupada. Tenía que encontrar el camino hasta allí yo sola ya que no me dio tiempo a irme de Katmandú con el resto del equipo. Fue mi primer encuentro con la cultura nepalí. Tenía que creer que, sin importar cuánto tiempo me llevaría, día y noche conduciendo por carreteras llenas de baches, llegaría a mi destino. Tenía que dejar ir el miedo a lo desconocido y simplemente dejarme estar en el momento presente, y saber que todo iría bien. Todavía puedo recordar el calor, el polvo y el ruido en la carretera, y cómo me sentí torpe, cansada y perdida en mi primer día de formación. ¡Pero allí estaba por fin!

    Pronto me di cuenta de que formar parte del proyecto no era solo acerca de mí ayudando y compartiendo mis conocimientos. En Achham, más que nada estaba recibiendo y aprendiendo. Aunque no podía expresarme en palabras, estaba interactuando con las chicas. Las jóvenes mentoras, Lalita, Sangita, Manisha y Tulsi, con las que compartía habitación, estaban siempre preocupadas por mi bienestar porque sabían que las condiciones en las que vivíamos eran inusuales para mí. Enseguida formé parte de su mundo y de alguna manera me mostraron lo que era ser una mujer joven en Achham.

    Yo estaba impresionada por su dedicación a sus tareas, y según las observaba prepararse para la clase cada mañana, no podía evitar imaginar cómo sería las cosas para ellas si no tuvieran la oportunidad de impartir la clase de educación sexual para el Proyecto Rato Baltin. Habrían estado probablemente en el campo o ayudando con las tareas caseras, pero en vez de eso, estaban haciendo cambios en su comunidad orgullosamente.

    En cada uno de los tres pueblos que visitamos, el estilo de vida era diferente, pero la falta de acceso a agua limpia era siempre el mayor problema. Tuve que acostumbrarme a ducharme usando el caño de agua principal en la ropa interior y siendo observada con curiosidad por cualquiera que viniese a llenar sus vasijas.

    En Hichma, el primer pueblo, me sentí enseguida como en casa. Los miembros de la comunidad nos proporcionaron una calurosa bienvenida y recibimos un fuerte apoyo por su parte. En el colegio, los estudiantes se mostraron muy abiertos e interesados por la clase que las chicas impartían, y cuando nuestro trabajo terminaba, mis paseos habituales a última hora de la tarde me permitirían tomar fotos de las mujeres y del paisaje. Estaba tomando fotos de momentos que no olvidaría nunca. Pensé que podría entender lo que se siente siendo una mujer en Achham mirándolas y viviendo con ellas, pero la verdad es que no me pude sentir identificada respecto a la práctica del Chaupadi. Yo nunca me encontraré en la tesitura de que me obliguen a dormir en una cabaña y ser considerada impura cada mes. No importa cuánto pueda estudiar los problemas que conlleva esta práctica, yo nunca sentiré el miedo de estar sola, el sentimiento de injusticia y rechazo, el sentimiento de no ser capaz de ir a rezar al templo o el sentimiento de que me pidan que coma separada del resto de la familia. Incluso si paso tiempo viajando e incluso si me quedo el suficiente tiempo como para sumergirme en la cultura y tradiciones, nunca sabré lo que se siente creciendo y viviendo en un país subdesarrollado. Aunque nunca me sentí como una privilegiada en mi propio país, en los pueblos en Nepal pude sentir lo afortunada que era por crecer en un entorno donde puedo ser libre de ser la mujer que he escogido ser. Tengo suerte porque nací en una parte del mundo donde pude ser libre para hacer cualquier cosa con mi vida y amar a quien quiera. No importa si soy rica o pobre, todavía tengo el derecho de decidir por mí misma lo que quiero hacer con mi vida.

     

    Photo: Anne-Laure Crepin, a chhaugot

     

    Luego se hizo más obvio que debía utilizar estos privilegios para ayudar a aquellos que necesitan algunos cambios en sus condiciones y en sus vidas. Como extranjera, no era mi papel obligar o imponer nuevos hábitos o intentar cambiar las tradiciones. Solo podía servir como ejemplo de lo libre que puede ser una mujer cuando tiene las herramientas para hacer su periodo más cómodo y experimentarlo como un proceso natural.

    Por ello, la copa menstrual es la mejor solución y cualquier mujer debería poder beneficiarse de ella. Como privilegiada, es mi responsabilidad permanecer activa y ayudar a aquellos que lo necesitan. Lo que aprendí es que somos responsables de nuestros propios cambios. Las chicas, mentoras y las formadoras acogieron la oportunidad que se les estaba brindando. Transforman su vida por un tiempo y probablemente para siempre, y creo firmemente que nuestro paso con el Proyecto Rato Baltin también tendrá un impacto en mujeres jóvenes en Achham y provocará cambios en sus vidas. En lo que a mí concierne, sé que estaré de vuelta en Nepal y que mi participación en el Proyecto Rato Baltin no ha terminado todavía. Hoy me siento agradecida por esta oportunidad de tomar parte en esta aventura y cada mes cuando me toca utilizar la copa menstrual, no puedo evitar recordar lo que significa ser mujer en Achham.

     

    Workshop with girls in Achham

    Escrito, y fotos, por Anne-Laure Crepin, corrección de Shae Marineau, traducción por Tere Salinero.

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  • Vulvita, una emprendedora que cose y vende compresas de tela en Cambrils

    Vulvita, una emprendedora que cose y vende compresas de tela en Cambrils

    Beatriz San Román es la creadora de la marca “Vulvita”, la cual vende productos menstruales reutilizables para poder reducir al máximo los residuos. 

    Beatriz San Román, Vulvita, con sus productos de higiene femenina
    Beatriz San Román, Vulvita, con sus productos de higiene femenina | María Vidal 

    Reducir al máximo los residuos y trabajar en la salud menstrual. Estas son los principales propósitos que tiene Beatriz San Román para seguir adelante con sus proyectos. San Román es una emprendedora madrileña que vivió en Cambrils y que actualmente reside en Mont-Roig. Tiene en marcha tres proyectos: “Vulvita”, “La casita sanadora” y “Residuo Zero Tarragona”, todos relacionados con los objetivos nombrados.

     

    Actualmente, se encuentra más centrada en “Vulvita”, una marca de compresas de tela y otros productos menstruales que ella misma cose a mano. “La casita sanadora” dice que lo que siempre había querido hacer, “un proyecto donde la gente puede acercarse a mi y de alguna manera sanarse, ya sea a través del yoga, de los masajes, la terapia floral… para buscar la manera de conectar con uno mismo”, de momento es el que tiene más abandonado porque conoció la terapia menstrual y supo que eso era lo que quería hacer. El último que ha creado, junto con una amiga, es “Residuo Zero Tarragona”, donde se venden productos que intentan fabricar ellas mismas o que vengan de cerca, que no produzcan residuos. Porque se han dado cuenta que “en casa es más fácil tener una vida zero waste pero cuando viajas es más complicado”.

    El proyecto va a surgir de una necesidad propia

    La emprendedora explica que el proyecto Vulvita va a surgir de una necesidad propia, ya hacía años que ella cosía sus compresas de tela con roba reciclada que tenía en casa. Hasta que las personas de su círculo y de conocidos también le pidieron de probarlas y así es cómo se va a “profesionalizar” para venderlas, sobretodo a gente cercana. Más tarde llevó a cabo una campaña de crowdfunding  para conseguir financiación y dar a conocer el proyecto. Fue cuando hubo que poner un nombre a lo de coser compresas y como surgió “Vulvita”. Afirma que este nombre se debe al hecho que siempre le gusta “traer a la luz las cosas que están ocultas, y poner este nombre era poner en terreno público una parte del cuerpo que estaba oculta, pero tampoco muy directamente”. En la misma línea, su empresa tiene un componente reivindicativo importante, ya que reclama que la menstruación se ha de desmitificar. “La mitad de la población menstrúa y no podemos hablar de ello?”, protesta. Per este motivo también da talleres a niños, porque le da miedo “que los niños crezcan en una sociedad donde no puedan conocer ni explorar su cuerpo, ni hablar de sus procesos biológicos”.

    Los productos se pueden adquirir en diferentes ferias, en las redes sociales y en algunos establecimientos

    Hoy, los productos de “Vulvita” se pueden adquirir en diferentes ferias de la provincia de Tarragona, como es el caso de “l’Espai Niu” de la Feria Multisectorial de Cambrils, mediante las redes sociales, o en algunos establecimientos de la provincia que tienen productos ecológicos. La emprendedora afirma que hay diversos motivos por los cuales cambiar y empezar a utilizar las compresas de tela, aún que evidentemente, una de las principales razones para usarlas es para favorecer el medio ambiente, ya que permiten tener una menstruación de residuo cero. Un gran cambio respecto a la cantidad de residuos que generan las compresas habituales. Las clientes que las compran forman, forman parte de una gran abanico de edades, ya que va desde jovencitas que quieren tener alternativas al material de un solo uso o mujeres que las usan para la pérdida de orina. Por otra parte en dos ocaciones la creadora de “Vulvita” ha viajado al oeste de Nepal con el proyecto Rato Baltin de la ONG Bearsy, que tiene como objetivo dar información de salud menstrual a niñas y mujeres de la zona. El propósito de este proyecto es que ellas mismas sean consientes de los que les pasa, para poder erradicar la práctica del Chhaupadi y que las jóvenes nepalesas puedan utilizar siempre la compa menstrual.

     

    Finalmente, ella afirma que, especialmente el proyecto “Vulvita”, lo lleva a cabo porque “a parte de ser mujer, he sufrido lo que es ser mujer en esta sociedad”, también porque tiene mucha conciencia ecológica. Por eso, para ellas lo más importante actualmente sería reducir el residuo al máximo en cualquier ámbito – alimentación, cosmética, menstruación-, ser autosostenible y concienciar a la sociedad sobre esta tema para que comience a ser responsable de los residuos que genera.

     

    Imagen de las compresas de tela que confecciona Vulvita
    Imagen de las compresas de tela que confecciona Vulvita

     

    Por: María Vidal | Publicado en: Cambrils.cat | Traducción: Clara Pinilla
  • Explorándome (Testimonio de una voluntaria nepalesa)

    Explorándome (Testimonio de una voluntaria nepalesa)

    Testimonio escrito en nepalí por Rupa Pandey, después de la versión nepalí puedes leer la traducción al castellano.



    Como cualquier otro día, el 11 de enero de 2019, estaba revisando mi Facebook y de repente una publicación llamó mi atención. Esta publicación trataba del Proyecto Rato Baltin sobre la tradición menstrual “Chhaupadi”, que aún se practica y está profundamente arraigada en el distrito de Achham situada en el lejano oeste de Nepal. Esta publicación explicaba como el proyecto había estado ayudando a mujeres y niñas en edad de menstruación durante dos años mediante la realización de un programa de concienciación sobre la gestión de la salud menstrual y proporcionando opciones favorables a la salud y el medio ambiente como las compresas sanitarias, es decir las “copas menstruales”, que hacen que la menstruación sea un poco más fácil para las mujeres y niñas en Achham.

    La palabra “Chhaupadi” me molestó mucho. El significado de esta palabra es tan cruel. Cuando mencionamos Chhaupadi solo hablamos de Achham, pero todavía se practica algún tipo de Chhaupadi en todos y cada uno de los pueblos, así como ciudades de Nepal. La única diferencia es que las mujeres y niñas que menstrúan en Achham se ven obligadas a dormir en el chaugoth. Exceptuando eso, el resto es bastante similar en todo el país: no toques eso, no vayas allí, no hagas esto, no eres pura … Muchas de nosotras hemos crecido con todas estas restricciones y hemos escuchado estas palabras muy duras durante toda nuestra vida. Es realmente doloroso.

    Después de leer esta publicación, sentí una gran necesidad de colaborar en el proyecto, así que inmediatamente les mandé un mensaje al proyecto Rato Baltin bajo la publicación ¿Cómo podemos ayudar al proyecto aparte apoyo financiero? Al día siguiente, el 12 de enero de 2019, Rato Baltin respondió a mi mensaje con un “hola, mi nombre es Clara, puedes venir a nuestra oficina si quieres ayudar” con la dirección. Así fue empezó mi relación con Rato Baltin.

    Empecé a trabajar en Rato Baltin como voluntaria a partir de ese mismo enero, y mi responsabilidad principal era la de traducir todos los documentos relacionados con el proyecto al nepalí. Clara me preguntó si quería ir a Achham en abril para el proyecto. Al principio le dije que solo iría 15 días, pero luego cambié de opinión y quise estar dos meses desde el principio al final del proyecto Rato Baltin en Achham. Esta decisión cambió mi vida de una manera muy positiva.

     

     

    Cuando terminamos todo el papeleo para el proyecto en la oficina de Katmandú, nos pusimos rumbo a Achham el 14 de abril de 2019. Después de 2 días de viaje en autobús y todoterreno, llegamos a Sanfebagar, ciudad perteneciente al municipio de ‘Achham, donde nos dieron un curso para convertirnos en formadores durante 10 días. El proyecto Rato Baltin había estado funcionando únicamente en el municipio de Mangalsen durante 2 años, pero a partir de este año el proyecto tenía que funcionar en un municipio más que es el de Sanfebagar y dos más municipios rurales, Dhakari y Turmakhat.

    El 17 de abril de 2019 comenzó nuestra formación. Cinco voluntarias extranjeras también formaban parte del equipo, colaborando con el proyecto. Mi trabajo durante la formación consistía en la traducción de los textos del curso, para que nuestras instructoras, así como mentoras pudieran entender los textos, y también traducía sus preguntas y curiosidad a Clara. Estuve allí como traductora porque todas nuestras mentoras y formadoras eran chicas locales de Achham, y no entendían bien el inglés. Durante los 10 días del curso formativo en Safebagar tuve la oportunidad de conocer tanto a nuestros mentores, instructores como voluntarias extranjeras. También la de aprender a convivir juntas mientras nos apoyábamos mutuamente. Cada día después de la formación solíamos ir a tomar un café con un brownie. Un brownie en Achham era como agua en el desierto. Ahora, cuando recuerdo aquellos momentos, me doy cuenta de que, para ser feliz, realmente no necesitas tantas cosas. Porque las pequeñas cosas pueden proporcionarnos inmensa felicidad también. Cuando terminaron los 10 días de formación, llegó el momento de acción: nuestro equipo tenía que salir hacia sus respectivos destinos de trabajos. Cada equipo tenía 1-1 voluntaria extranjera. Decir adiós fue muy difícil para mí después del vínculo que habíamos formado. Pero, al mismo tiempo, era consciente de que tendría la oportunidad de reunirme con todos los miembros del grupo de nuevo porque Clara y yo estábamos en el equipo directivo.

    Como parte del equipo directivo, Clara y yo teníamos que visitar al menos una aldea de cada equipo con el fin de supervisar y evaluar su trabajo. Pude volver a ver a todos los miembros de cada equipo, y pude aprovechar la ocasión de poder acercarme y conocerles más a fondo. Las chicas me decían didi, que significa hermana mayor, y solían acudir a mí para todos y cada uno de los problemas que tenían. Al principio les enseñaba con enojo y grosería, pero poco a poco me di cuenta de que podía aportar mucho más con paciencia, cuidado y amor.

    Este proyecto me ha enseñado a ser más paciente y amable en mi vida personal. Los voluntarios extranjeros también necesitaban mi ayuda cada vez que tenían que comunicarse con las chicas porque ni las voluntarias extranjeras ni nuestras chicas podían entender el idioma del otro. Colaboraba prestando mi ayuda para que pudieran tanto comunicarse, conectarse como entenderse entre ellas. Fue un privilegio el haber podido contribuir mi granito de arena.

    Tuve una buena relación con todas las voluntarias extranjeras. A pesar de venir de diferentes culturas y orígenes, pudimos convivir como una familia, ayudándonos y consolándonos cada vez que extrañábamos a nuestras familias. Durante la estancia en el remoto pueblo de Achham a veces tuvimos que dormir todas en la misma habitación. Debido a la superstición del Chhaupadi, a veces nos encontrábamos obligadas de pasar la noche en la biblioteca de la escuela. Dos meses en Achham me han enseñado mucho y pude conocer la Nepal real. Incluso la comida sencilla que comíamos en el pueblo era deliciosa, aparte del afecto que la gente nos profesaba. Ni siquiera disponíamos de las cosas básicas que necesitábamos en el pueblo, pero nunca sentí que me faltara algo.

    Siempre agradeceré a Clara y el proyecto Rato Balta por la increíble oportunidad vivida.

    Me considero muy afortunada de haber podido ayudar a las mujeres y niñas de Achham. Me sentí muy orgullosa cuando vi que la confianza de nuestras mentoras y voluntarias iba creciendo gradualmente y se sentían más apoderadas a lo largo de la realización del proyecto. En una sociedad en la que la menstruación se considera un tabú, cuando nuestras chicas describen como de limpia y pura es la sangre menstrual, me siento realmente orgullosa de ser mujer. El trabajo que está haciendo el Proyecto Rato Baltin para las mujeres y niñas de Achham es verdaderamente significativo y merece el máximo respeto. No puedo describir las caras felices de las mujeres y las niñas cuando pudieron hablar sobre su menstruación y recibir sus copas menstruales. El Proyecto Rato Baltin está repercutiendo de una manera muy positiva las condiciones de la menstruación de la población femenina Achhami. No tiene precio.

     

     

    Ahora que he vuelto a mi vida normal, estos 2 meses en Achham siempre los guardaré con mucho cariño en mi corazón. Estos momentos son muy preciados para mí. Todos estos recuerdos de Achham, como bañarse en la comunidad, tocar con nuestro petit-cot, esperar en la cola para usar el baño, la caminata nocturna hacia el pueblo y atravesar el bosque son muy hermosos. La vida simple y el amor de la gente de Achham ha hecho de este lugar algo muy especial para mi corazón. Siento que Achham es como mi segunda casa.

    Durante estos dos meses trabajando con el Proyecto Rato Baltin en Achham tuve la oportunidad de aprender muchas cosas. Establecí algunas relaciones preciosas y hermosas que siempre permanecerán en mi corazón. El amor y el afecto de nuestras chicas me hacen sentir como si fueran mis propias hermanas pequeñas (Bahini), y deseo su felicidad y progreso en sus vidas futuras.

    Mi confianza ha crecido junto con la de nuestras chicas. Puedo apreciar el cambio en mí misma antes de Achham y después de Achham. Este cambio es muy positivo. Tuve la oportunidad de conocerme a mí misma y mis capacidades. He desarrollado la habilidad de afrontar y gestionar situaciones difíciles, así como la de cómo convivir y trabajar junto a un equipo, y de poder ayudar a otras personas. El Proyecto Rato Baltin me ha dado una hermosa familia. Quiero expresar mi gratitud hacia el Proyecto Rato Baltin y Clara por aceptarme como un miembro más del equipo y por haberme dado la oportunidad de crecer positivamente.

    Muchas gracias Clara y el Proyecto Rato Baltin por creer en mí.

    Escrito por Rupa Pandey, fotos © Anne-Laure Crepin, traducción de Ixone Saenz.
    

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  • Poniendo la semilla del contrapoder (Observaciones de una voluntaria)

    Poniendo la semilla del contrapoder (Observaciones de una voluntaria)

    Un día en la página de Facebook de la universidad en la que estoy estudiando un grado de Antropología Social y Cultural leí un anuncio donde decía que se buscaba a antropólogos voluntarios para un proyecto en Nepal. Este nombre, Nepal, me llamó la atención; un país que me encanta, que he visitado 7 veces y en el cual, desde mi primer aterrizaje en Kathmandu, sin todavía salir del aeropuerto, me sentí como si llegara a un lugar familiar. Estaba en un momento de mi vida que me permitía tomarme unos meses libres y por lo tanto envié mi candidatura a la ONG.

    Hablé por Skype con Bea, quien me explicó el proyecto y la práctica cultural, el Chhaupadi, razón de la intervención de la organización en la comunidad; práctica que, pese mis viajes a Nepal, desconocía que se llevase a cabo de una forma tan absoluta.

    Una vez seleccionada, me explicaron mi rol como antropóloga : “encontrar una estrategia para involucrar a los chamanes y los hombres en el proceso de concienciación que se espera conseguir con la intervención”.

    Uy, uy, sencillo, (por supuesto lo digo irónicamente, sobre todo para una antropóloga en proceso de formación), pero me gusta, porque ya me indica el enfoque completo a todos los niveles de la ONG.

    Nunca había colaborado con una ONG, siempre he sido un poco desconfiada; por lo tanto, organicé un plan B (sí, porque yo soy más de tener un plan B, y no como hace Bea, estupenda persona, miembro de be artsy, que enfoca toda sus energías para que el plan A se realice), decidiendo llevarme todo mi equipaje de montaña para perderme por unas cuantas semanas en las poderosas y energéticas Himalayas por si acaso el proyecto no me gustaba… Pues sí que me hice un trekking, pero al final del proyecto, porque este último me encantó.

    El proyecto intenta concienciar a las personas de la comunidad sobre lo que es la menstruación, impartiendo un taller de educación sexual, higiene y salud menstrual en las escuelas, y ofreciendo la copa menstrual como solución ecológica e higiénica, teniendo en cuenta que muchas mujeres utilizan trapos o llevan dos, tres bragas, en lugar de usar compresas.

    Esta formación es importante, considerando que en el currículum escolar todavía no hay una sección que trata de estos temas. Razón por la cual la práctica del Chhaupadi está tan arraigada, porque desconocen qué es la menstruación en el sentido biológico.

    Durante mis entrevistas a la pregunta “¿que es la menstruación?” la respuesta era Chhaupadi. Es decir, no se distingue el proceso biológico de una tradición, cuyo origen preciso se desconoce pero que sigue siendo transmitida automáticamente de generación en generación por las personas mayores. La superstición de que las mujeres sean impuras representa el único conocimiento que las adolescentes reciben sobre lo que es la menstruación.

     

     

    Los talleres están dirigidos a los niños y adolescentes, de ambos sexos, quienes en unos años serán maridos, mujeres y padres, potenciales agentes de cambio, en tanto que las personas que actualmente son mayores, tanto hombres como mujeres, junto con los chamanes, no son proclives al cambio en lo que se refiere a la práctica. Esto es justamente el reflejo de la estructura social: patriarcal, en la que la mujer ocupa un papel subordinado y los mayores tienen mucho poder. Es una práctica que no tiene beneficios ni funcionalidad de ningún tipo para las mujeres, excepto la de apoyar la estratificación de género en el seno de la sociedad.

    El enfoque se centra en adolescentes y niños, pero al mismo tiempo se incluye a las personas que ocupan las posiciones sociales de poder: se les informa, pero sin dejarles el mando.

    Esto es otro punto que me gusta, porque dejarles el mando significaría cambiar la forma pero no la esencia: se seguiría otorgando poder y reconocimiento a quien ya lo tiene, dejando en las sombras a las mujeres, confirmando una estructura de poder desigual.

    Quienes imparten los talleres son chicas locales que viven en la comunidad, planteamiento que consigue lo que más me ha gustado del proyecto: be artsy está dando una oportunidad a estas chicas, aportándoles conocimiento a través de una intensa formación, les paga, y sobre todo, la parte más valiosa: les proporciona seguridad en sí mismas, les da la posibilidad de apoderarse y emanciparse. No el poder negativo y destructor que les confiere la sociedad, más bien el poder de romper con la estructura mental que les hace sentir inferiores e impuras.

    Esta es la cosa que más me ha emocionado: poder ver cómo chicas entre los 16 y los 18 años han cambiado tras estar 50 días juntas.

    Hiukala, la formadora de mi grupo, tiene 18 años y, más que otras, representa este rápido e intenso cambio. Cuando la conocí durante el training era tan tímida que cuando le pregunté: “¿cómo te llamas?” me contestó susurrando su nombre y mirando abajo; hablar en público, imposible.

    La verdad es que no me la imaginaba impartiendo talleres frente a decenas de adolescentes y hablando con los chamanes, pero estaba equivocada. Día tras día, con mucho esfuerzo y voluntad, junto a Kamala, Goma y Basanti , las otras chicas del grupo, vi cómo se estaba fortaleciendo hasta poder llegar a su pueblo y decir a sus padres que a partir de ese momento no aceptaba ser desterrada durante los días de la regla.

     

     

    Se convierten en símbolo para las mujeres de su propia comunidad y sobre todo una referencia, porque cada dos meses las formadoras hacen un seguimiento con las mujeres y chicas que utilizan la copa, tanto para monitorear el uso correcto de la copa como su repercusión con respecto a la práctica del Chhaupadi.

    Aquí introduzco otro punto a favor del proyecto: formando a chicas de la comunidad, les proporcionan las herramientas para trasmitir conocimiento, a la vez que favorecen el desarrollo de un contexto de debate que no existiría debido al entorno político (subordinación de las mujeres), sociocultural y económico, que hace que las mujeres estén todo el tiempo ocupadas en tareas dirigidas al sustento del hogar y el cuidado de la familia. Conforman un espacio de conjunto desde donde pueden surgir resistencia y cambio, pero dejando la gestión a las personas de la comunidad, quienes activan el cambio si lo desean y lo ven necesario.

    Una forma de resistencia que actualmente se manifiesta se presenta exclusivamente en las canciones que narran los sufrimientos del Chhaupadi e invocan a los dioses para que las dejen libres de permanecer en su casa.

    Por último, pero no menos importante, es la parte de la fotografía participativa.

    La diversidad cultural no se hace notar solo en aspectos exteriores, materiales y visibles, sino también en aspectos invisibles como las emociones, prevaleciendo unas más que otras.

     

     

    Hablando de menstruación se impone la vergüenza sobre la naturalidad, por lo que con el empleo de la fotografía como método de comunicación alternativo a la palabra, pero igual de eficaz, se invita a las mujeres a compartir su visión y experiencia sobre la menstruación, modalidad que destaca la sensibilidad del proyecto.

    Este proyecto no tiene repercusiones exclusivamente sobre los habitantes de la comunidad, sino también sobre todas las personas que contribuyen: mi experiencia en el “campo” ha sido muy intensa, sobre todo desde un punto de vista humano.

    Empezando por el equipo de be artsy, compuesto por personas estupendas; pocas, pero que valen mucho, quienes a pesar de las numerosas dificultades e imprevistos cotidianos llevan adelante el proyecto con determinación y compromiso de forma completamente gratuita y voluntaria.

    Su labor se caracteriza por el esfuerzo, la pasión, la entrega, la creencia en el activismo y el cambio social, lo cual, como he descrito anteriormente, se refleja en la calidad del proyecto.

    Me sorprendió la transparencia en la gestión y el cuidado en el trato. Todos ellos aspectos que han hecho que mi plan B no se concretara.

    La intensidad es debida también al contexto precario, que precisa de un buen espíritu de adaptación e incluso de abandono de uno mismo, en cuanto a única persona occidental en comunidades aisladas donde nadie habla inglés.

    Sin duda ha sido la experiencia más auténtica de todas mis estancias en Nepal: en un entorno cálido, esperar que te hiervan agua para poder beber, comiendo exclusivamente dal bhat y olvidándote de la posibilidad de poder elegir otra cosa, pero dándote cuenta de lo afortunada que eres porque en tu vida cotidiana lo tienes, duchándote al aire libre con un incómodo saco llamado petit-cot y compartiendo habitaciones, a veces incluso camas, con personas y bichos. A mi vuelta tuve que buscar en el diccionario el significado de la palabra privacidad: durante esta estancia cayó en desuso.

    Me comentaron al principio que iba a vivir como una nepalí, pero esto no fue posible, porque mi color de piel, junto con la hospitalidad local, me otorgaron siempre una posición privilegiada, aunque mi rol resultara incómodo para algunos campesinos (hombres y chamanes). Siempre disfruté de la cama más grande, de la almohada más cómoda, a menudo no tuve que hacer cola en la fuente para ducharme y cualquier petición que pudiera plantear se convertía en asunto y obligación de la comunidad.

    Sin olvidar que tenía angelitos conmigo: Hiukala, Kamala, Goma y Basanti, formadoras y mentoras de be artsy que durante la estancia han velado por mí.

    Una experiencia inolvidable y que te toca la fibra sensible: viajé para conocer unas aldeas y sus prácticas culturales, y terminé conociéndome mejor a mí misma.

    Dhanyabad!

    Escrito, y © photos, por Eleonora Bordogni, con correción de Tere Salinero
    

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  • Rato Baltin 2019: valoración general de la primera parte del proyecto

    Rato Baltin 2019: valoración general de la primera parte del proyecto

    Después de descansar unos días, tras volver del Nepal, explicamos cómo ha ido esta primera parte del proyecto Rato Baltin 2019.

    Teníamos una apuesta arriesgada, cubrir tantos municipios como los recursos monetarios nos permitieran. Desde septiembre del 2018, lo preparamos todo para 6 municipalidades, pero después del viaje sobre el terreno que hicimos en enero, tras ver la dificultad que comportaría y viendo los recursos que habíamos encontrado, decidimos centrarnos en 4.

    Esta decisión nos ha traído cosas positivas y negativas. Siempre decimos que en Nepal todo cambia, y puede pasar de todo, pero este año hemos podido comprobar que esto es aplicable hasta en nuestro país. En Cataluña tenemos un proverbio que dice: ‘No digas trigo hasta que no esté en el saco y bien atado’. Un equivalente en castellano, ‘No vendas la piel del oso hasta haberlo matado’ (que proverbio tan cruel) 🙂

    Las cosas positivas:

    Hemos realizado el proyecto en 4 municipalidades (16 escuelas/poblados)

    • Sanfebagar, municipalidad con una alta presencia de chhaupadi, a pesar de no ser tan remota como otras. Aquí es donde está situada nuestra contraparte para esta parte del proyecto en Achham. 3 pueblos/escuelas
    • Dhakari, justo en el monte enfrente de nuestro amado Basti. 3 pueblos/escuelas
    • Turmakand, una de las más remotas de Achham, cerca del río Karnali. Y donde el año pasado murió la chica que sus padres enterraron para intentar esconderlo. 3 pueblos/escuelas
    • Mangalsen, municipalidad donde hemos trabajado los 3 últimos años, y de donde es casi todo nuestro personal. 4 pueblos nuevos/escuelas + 3 del año pasado. En noviembre durante el seguimiento haremos los otros 2.

    Es decir: En Achham, en este 2019, hemos estado trabajando en 16 pueblos/escuelas y en noviembre le sumaremos 2 más. Hemos llegado a 5347 beneficiarios directos. Con 1353 nuevas usuarias de la copa menstrual.

    Lo que más miedo nos daba a nosotras, del proyecto de este año, era que todas las facilitadoras eran, o bien mujeres locales de cada municipalidad, o bien nuestras antiguas alumnas de otros años, que usan las copas de Ruby Cup.

    Por un lado, teníamos la seguridad de que el mensaje llegaría más con chicas locales que con enfermeras de Katmandú; por el otro lado, no daba miedo si habrían asimilado la formación que les dimos en septiembre, y la formación súper intensiva de 9 días que hicimos antes de empezar.

    Y he de decir que aquí fue la maravillosa sorpresa, y de lo que nos sentimos todas muy orgullosas: las chicas estuvieron completamente a la altura de la situación en todo momento. Donde no llegaba una, llegaba la otra, y los grupos se complementaron de manera maravillosa! Ver a esas niñas tan seguras de si misma y apoderadas ha sido una de las mejores cosas del proyecto, solo por eso, ha valido la pena!

    En cada grupo, había como mínimo una instructora (en algunos había 2, porque teníamos a 6 formadas), y 3 o 4 mentoras (ex-alumnas nuestras, usuarias de la copa) y una voluntaria extranjera. Para cada una de las voluntarias extranjeras ha sido una experiencia dura: las chicas casi no entienden inglés. Pero interesante. Bea ya escribió sobre la formación que hicimos en Sanfebagar, y Eleonora, Anne Laure y Maisei lo harán cuando tengan tiempo.

    A la vez, para cada equipo de chicas nepalís, tener a una extranjera que no entendían, también ha sido duro por la dificultad de comunicación, pero de gran ayuda en temas técnicos y de “seguridad”. La extranjera es como un ‘anzuelo’ para atraer a las mujeres, hombres y chicas a las clases en grupo!

     

     

    Els equips de Rato Baltin 2019

     

    Por otra parte hemos estado Rupa y yo (Clara) haciendo de equipo directivo, e intentando resolver dudas y problemas que pudieran surgir. Rupa es una mujer extraordinaria con la que he trabajado muy bien y creo que es la responsable de proyecto perfecta para nuestro proyecto en Nepal. Es una mujer independiente con su propia empresa de importación de copas menstruales “Cozy Cup”. Copas de calidad que vende a un precio asequible para las mujeres de Katmandú. 1500 rupias. En Achham, si alguna madre quiere una, el precio es de 800 rupias.

    En Katmandú hemos contado con nuestras internas Raunika y Simran. 2 joyas en bruto que serán unas mujeres luchadoras y promotoras de cambio en su país. Ambas están cursando un máster, una de estudios de género y la otra de cooperación internacional.

    Total, tenemos 3 ángeles trabajando con nosotras!

    También hemos contado con la ayuda de Pashupati Kunwar, que como asesor de Samabikas nos ha ayudado en temas concretos y difíciles como resolver todos los papeles legales para recibir la donación de las 3000 copas menstruales de Ruby Cup, organizar el alojamiento y espacio para la formación en Sanfebagar, y además nos ha ayudado a pedir ayuda monetaria en algunas municipalidades. La municipalidad de Sanfebagar contribuyó con 100.000 rupias y la de Mangalsen con 50.000. Mangalsen prometió ayudar más en el próximo año fiscal.

    Las cosas negativas

    El partner achhamí no ha acabado de funcionar del todo bien. El proyecto es muy grande y complicado, y requiere una dedicación que nuestras socias no podían dedicarle. Nos han fallado 2 grandes donaciones prometidas. Una, esperamos poder conseguirla aún, la otra no contamos con ella porque hemos perdido el contacto totalmente. Esto nos ha puesto entre la espada y la pared en algunos momentos y hemos tenido que modificar el proyecto, espaciando el trabajo de las facilitadoras y dependiendo del todo de dinero que todavía no tenemos, para poder continuar pagando sueldos y para realizar el seguimiento después de 6 meses.

    Ante las adversidades, siempre encontramos soluciones creativas, pero resulta especialmente agotador tener que estar pensando siempre en esto.

    Mi propuesta para todos vosotros. La continuidad del proyecto depende de ti:

    1 – Rellenad este formulario y haceros socios de la ONG. Necesitamos urgentemente tener ingresos regulares para poder continuar. Cada donación ayuda.
    2 – Haceros del grupo de Teaming (1 euro al mes, totalmente para el proyecto) y convenced a vuestros amigos y compañeros de trabajo (a toda la empresa) a colaborar también. Si somos 1000 personas dando 1 euro cada mes, representa una gran ayuda (ahora somos 11 y por cierto, desgrava en la declaración).
    3 – Haz tu donación anual ahora en Migranodearena, no esperes a después del verano!

    Necesitamos liquidez para enviar al Nepal, para que las facilitadoras puedan ir cobrando sus salarios.

    Otra cosa que puede ayudar: Yo estaré hasta finales de octubre en Europa. Estamos buscando gente que nos ayude a organizar eventos, charlas, exposiciones, conciertos, comidas y lo que os parezca para recaudar fondos! Si se te ocurren espacios o quieres montar algo, ponte en contacto con nosotras, por favor! Contacta a info@beartsy.org

    Muchas gracias por todo! 🙂

    Escrito por Clara Garcia i Ortés
    

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