A menudo compartimos los resultados de los proyectos: cuántas personas han participado, a cuántas escuelas hemos llegado o qué hemos conseguido. Pero ¿qué pasa con todo lo que hay antes, durante y después? Hoy quiero hablar de la parte de llevar adelante una ONG pequeña que casi nunca aparece en las fotografías ni en los informes anuales.
Detrás de cada proyecto hay muchísimas horas de trabajo
Cuando seguís a be artsy, normalmente veis fotografías de nuestras formadoras impartiendo talleres de educación menstrual en escuelas de Nepal, mujeres compartiendo experiencias o nuevas iniciativas que empiezan a tomar forma. Y está bien que lo expliquemos: queremos que sepáis qué estamos consiguiendo juntas.
Pero hoy quiero enseñaros algo diferente. Los Excel. Las solicitudes de subvenciones. Los presupuestos, las facturas, los informes y los correos que parecen no terminar nunca. Y todas las horas intentando conseguir suficiente dinero para que los proyectos puedan continuar.
A veces paso días, incluso semanas, preparando una subvención: leyendo las bases, adaptando presupuestos, recopilando documentos y volviendo a explicar por qué nuestro trabajo es necesario. Y entonces llega el correo: «Lamentamos comunicarle que su propuesta no ha sido seleccionada». Todo ese trabajo y ninguna financiación. Y volvemos a empezar.
No porque nos guste rellenar formularios, sino porque sin ese trabajo quizá no haya talleres, ni visitas de seguimiento, ni materiales educativos, ni salarios para el equipo local. Antes de hablar de resultados, alguien tiene que hacer posible que esos resultados lleguen.
Hacer voluntariado no siempre significa trabajar gratis. A veces también significa pagar por trabajar.
Esta es otra realidad de la que hablamos poco. Detrás de be artsy hay voluntarias que dedican su tiempo, sus conocimientos profesionales y su energía. Pero también hay personas que pagan gastos de su propio bolsillo.
Desplazamientos, materiales, pequeñas compras, imprevistos. Cosas que hay que hacer o pagar aunque no haya suficiente dinero disponible. Y a veces simplemente las asumimos nosotras.
No lo cuento porque queramos aplausos. Todo lo contrario. No creo que una organización deba depender del dinero de sus voluntarias para seguir funcionando. Y tampoco creo que implicarse en una causa deba suponer un sacrificio económico.
Pero esta es parte de la realidad de muchas ONG pequeñas, y ocultarla no ayuda a entender cómo trabajamos. Las voluntarias son imprescindibles, pero el voluntariado nunca debería servir de excusa para invisibilizar el trabajo o los gastos de nadie.
Mientras tanto, en Nepal, el trabajo no se detiene
Mientras yo trabajo con presupuestos, convocatorias y justificaciones desde Cataluña, nuestras compañeras y compañeros de Unnati hacen otra enorme cantidad de trabajo en Nepal.

Hablan con escuelas y comunidades, organizan las actividades, preparan materiales, coordinan al equipo, recopilan datos, elaboran informes económicos y resuelven problemas que nadie había previsto.
Y luego están los desplazamientos. Trabajar en las zonas rurales de Achham significa enfrentarse a carreteras difíciles, viajes largos, deslizamientos de tierra, lluvias y vehículos que no siempre llegan a su destino como estaba previsto.


A veces, transportar los materiales ya es toda una aventura. Y luego está el frío. Sí, ¡hemos llegado a trabajar con el portátil dentro de un saco de dormir porque hacía demasiado frío para sentarse delante de la mesa sin abrigarse así!


Hay situaciones que después nos hacen reír. Pero también forman parte de las condiciones reales de trabajo. Cuando veis la fotografía de un taller de educación menstrual, no veis todo lo que tuvo que ocurrir antes para que las formadoras llegaran a esa escuela. El viaje, la preparación y la coordinación también son parte del proyecto.
No todo sale como estaba previsto
Nosotras también nos equivocamos. A veces hay que aplazar una actividad, un presupuesto no cuadra, nos deniegan una subvención, llega tarde un informe, una carretera queda cortada o tenemos que cambiar los planes porque la realidad sobre el terreno ha cambiado.
Y a veces sencillamente no sabemos si tendremos financiación suficiente para hacer todo lo que nos gustaría. Creo que las ONG deberíamos hablar más de estas cosas.
Estamos acostumbradas a compartir historias de éxito: proyectos terminados, cifras alcanzadas, resultados positivos. Pero la cooperación no es una línea recta entre una buena idea, una fotografía bonita y una cifra de impacto.
Es un proceso continuo de aprender, adaptarnos, negociar, volver a intentarlo y asumir la responsabilidad de las decisiones que tomamos. Y ser transparentes también debería significar explicar ese proceso, no solo presentar los resultados finales.
Diez años de be artsy. Y tantas cosas que aún no os hemos contado.
Este octubre be artsy ha cumplido diez años. Durante todo este tiempo hemos compartido muchas historias de Rato Baltin, de las comunidades con las que trabajamos, del equipo de Nepal y de los cambios que hemos visto.
Pero al mirar atrás me doy cuenta de que hay una parte enorme de nuestra historia que apenas hemos contado: cómo preparamos un proyecto antes de solicitar financiación, cómo decidimos qué podemos permitirnos, qué ocurre cuando nos deniegan una subvención, cuánto trabajo administrativo supone justificar los fondos públicos o cómo el equipo de Unnati afronta las dificultades de trabajar en comunidades alejadas.

Y cuántas personas hacen posible todo esto, a menudo discretamente y sin reconocimiento. Me gustaría que a partir de ahora compartiéramos más estas historias. No solo los resultados, también el proceso. No solo lo que funciona, también lo que sale mal. No solo lo que conseguimos, también lo que hace falta para llegar hasta allí.
Porque conocer una ONG también es entender su trabajo cotidiano, sus límites, sus responsabilidades y las personas que hay detrás.
Por qué importa el apoyo recurrente
Hay una última cosa que me gustaría explicar. Cuando alguien piensa en donar a una ONG, a menudo imagina que está financiando una actividad concreta: un taller, una copa menstrual, un programa escolar o una formación. Y, por supuesto, esas aportaciones son esenciales.
Pero los proyectos también necesitan coordinación, administración, gestión económica, comunicación, seguimiento y muchas otras tareas menos visibles. Y eso también cuesta dinero. Sin ese trabajo, las actividades no serían posibles.
Por eso las donaciones recurrentes, pequeñas o grandes, son tan importantes: nos dan más estabilidad y nos ayudan a planificar más allá del plazo de la próxima subvención.
No hace falta implicarse en el día a día de be artsy para apoyarnos. Pero si también os apetece participar, estaremos encantadas de saberlo. Las dos formas de colaborar son valiosas.
Después de diez años, sigo creyendo profundamente en lo que hacemos. Pero también creo que ha llegado el momento de explicar más abiertamente todo lo que cuesta hacerlo posible.
Llevamos diez años contando lo que conseguimos. Quizá ha llegado el momento de contar también todo lo que hace falta para conseguirlo.
Clara Garcia i Ortés
Fundadora y presidenta de be artsy

