Etiqueta: Kunti Bandali

  • Conoce a Manisha

    Conoce a Manisha

    Manisha Kumari Nath es de Kuntibandali, un pueblecito del distrito de Achham, en la provincia far-west (Sudurpaschim) del Nepal.

    En su casa vive su padre, su madre y sus dos hermanas pequeñas. Como en la mayoría de las zonas rurales de Nepal su familia es de origen muy humilde, su madre vende verduras y así puede pagar la educación de sus hijas.

    Después de terminar su examen final se le propuso participar en el Proyecto Rato Baltin, de este modo Manisha está enseñando a otras niñas a usar la copa menstrual, a tener más conocimiento sobre el propio cuerpo, saber qué implica el ciclo menstrual, y conocer la diferencia entre la tradición Chhaupadi y la menstruación.

    Antes de participar en el proyecto, Manisha nunca había estado en un entorno diferente a su pueblo y nunca había tenido la oportunidad de entender lo diferente que puede ser vivir en otro lugar. Trabajar en este proyecto le está ayudando a ganar experiencia y aprender nuevas habilidades. Además gracias al proyecto puede continuar con sus estudios superiores.

    Cuando le preguntamos a Manisha cómo es su vida desde que es parte del proyecto nos dice: “Nunca me preocupó aprender cosas nuevas y tampoco sabía que podía hacer algo bueno para cambiar la sociedad. Desde que me uní al proyecto, mi vida ha cambiado para mejor. He aprendido a ser útil y responsable. Sí, mi mirada ha cambiado respecto a mi futuro. Me puedo ver creciendo en este proyecto.”

    Clara, CEO y cofundadora de be artsy es testigo de la evolución de Manisha “cuando la conocimos, era una niña muy joven y despreocupada, en cierto modo, pero ahora es una joven responsable que se ha hecho cargo de su vida y se preocupa por la vida de los demás. Ahora además Nepal vive una emergencia alimentaria y de salud, la gente puede ayudarnos. Tenemos proyectos!’.

    Texto por Carmen Alcañiz, fotos de Clara Garcia i Ortés.

    Por un 1’80 € al día, ¡cambias el futuro de una niña y evitas que la casen con 16 años!

    Hay diferentes maneras para ayudarlas:

    Grupo de Teaming: 1 euro al mes – hazte del grupo y consigue amigos que te ayuden a apadrinar una chica y evitar matrimonios precoces!
    Grupo de Teaming  1 euro al mes – forma parte del proyecto Rato Baltin!

    Donación regular a https://donorbox.org/againts-chhaupadi
    Asóciate: https://beartsy.org/asociate/

    🙂 Gracias!

  • Diario de viaje – Kunti Bandali – Mangalsen Municipality – Achcham

    Diario de viaje – Kunti Bandali – Mangalsen Municipality – Achcham

    Teníamos claro que salir de Basti no iba a ser fácil, la bajada que hicimos el día que llegamos nos daba bastante miedo a todos.
    Por mi parte, yo me busqué un bastón y decidí no seguir el mismo camino que utilizamos para bajar, siguiendo el rastro de sangre que había dejado un búfalo herido, empecé a subir por el camino que utilizan los animales para bajar. Todo un acierto. Mucho más amable para mis rodillas y mis piernas. Tardamos una dos horas en llegar arriba (menos que en bajar).
    Cuando llegamos a la pista de Kunti Bandali, nos encontramos con un tractor que había venido a dejar gasolina para la excavadora de la carretera que están construyendo y las enfermeras españolas lo tuvieron claro, A por el tractor, tenia que regresar hacia Kunti Bandali, así que a pesar que Kamal y las enfermeras nepalíes no querían, le preguntaron al conductor, nos dijo que si, y además luego llegaron algunas de nuestras alumnas de basta que iban a Mangalsen a celebrar Holi que también vinieron con nosotros.
    Suerte del tractor, habrían sido 3 horas más de camino!

    Al llegar nos esperaba Krishna y Maya en la casa donde dormiríamos y más o menos el mismo” drama” que en Basti. Pocas camas, y pocas mantas. El sitio donde comíamos estaba un poco más arriba y teníamos que cruzar la zona del “bazar” donde cada día nos encontrábamos los hombres borrachos a todas horas. En ese momento tuvimos claro que Basti era genial comparado con aquello.

    En Kunti Bandali todo fue mas inhóspito y frío, más difícil que en Basti. Menos las niñas que son un amor en todas partes! 🙂

     

    Con el grupo de mujeres, el primer día nos encontramos que pensábamos que iban a venir las health Volunteers y las presidentas de los diferentes grupos de mujeres, y vinieron más de 70. En ese momento, pensamos que deberíamos hacer varios grupos de talleres con las mujeres, pero al poco rato descubrimos que pasaba: Nos preguntaron cuanto les pagaríamos para asistir a nuestras clases y nosotros ¿Como? ¿Pagar? :O Unicef y otras ONG grandes hacen este tipo de cosa, para poder enseñar las fotos de los talleres repletos de gente. Les pagan de 500 a 1000 rupias por día de clase. Pueden enseñar fotos con clases llenas de gente que no se entera que está escuchando, que sencillamente está allí para que les den dinero al final.
    Les dijimos claramente que no íbamos a pagar nada, y de echo, en Kunti Bandali, ni tan solo les ofrecimos te. Si querían venir a los talleres, que lo hicieran porque tenían ganas de enseñar.
    Al día siguiente eran menos, unas 45/50 pero todas tenían intención de aprender.
    Con las fotos fue parecido a Basti, solo que algunas nos hicieron vídeos y pudimos ver que el Chhaupadi era diferente. No podían ir a ninguna fuente de agua, y siempre dependían de los demás para beber, ducharse o ir al baño (si querían agua)

    En la escuela todo fue muy bien, las niñas tenían muchas ganas de aprender y se mostraron entusiasmadas con el proyecto de foto y las copas menstruales. Al igual que en Basti, tenemos lista de espera para conseguir Ruby Cup.

    Para nosotros estar casi un mes en el far-west fue duro, el ultimo día mirábamos los tractores mientras esperábamos a nuestro jeep, que llegaba tarde, deseando que llegara de una vez para salir de allí. Estar rodeado de borrachos todo el día no es agradable. Para cuando volvamos a Kunti Bandali, hemos de encontrar un mejor sitio donde dormir, aunque eso implique caminar cada día hasta la escuela.

    Escrito por Clara Go. Fotografias realizadas con la FUJIFILM X-Pro1 © Clara Go
    Editado por Josep V. Marín

    Deseais ayudarnos a recaudar dinero para el proyecto de las niñas de Nepal?

    Ahora puedes donar para pagar un mes de sueldo a la enfermera, pagar algunos kits higiénicos o ayudar para realizar el control de la copa menstrual en septiembre:  http://beartsy.org/es/involucrate-en-rato-baltin/

    O Si lo deseas, puede donar por transferencia bancaria a: Banc Sabadell IBAN: ES23 0081 0900 8200 0430 1934 BIC: BSABESBB (Una donación recurrente nos ayudará a planificar mejor nuestro presupuesto para llevar a cabo los proyectos emprendidos.)

    O echar un vistazo a otras formas de donar en http://beartsy.org/es/donacion/

    ¡Gracias! 🙂

  • Kunti Bandali. Terreno pisado

    Kunti Bandali. Terreno pisado

    Artículo escrito por Alba Maria Campos, enfermera voluntaria española, especializada en salud familiar y comunitaria.
    Corregido por Paula Cámara
    Foto hecha por Kamal Bhattarai con la X-Pro1 © Clara Go

    “He aprendido a pensar como me enseñaron, e incluso llegué a creer que soy yo el que piensa. Me resulta difícil comprender que solo pongo en marcha un mecanismo de razonar con pautas y circuitos impresos. Por eso nos cuesta tanto aceptar algo que contradice lo aprendido con anterioridad. Todo lo que he asimilado me rigidiza y me pone tiránicamente al servicio del grupo cultural que me ha formado.”

     

    Salimos de Basti hacia Kunti Bandali el sábado 11 de marzo y pasamos por la puerta de la casa del niño al que habían abierto la cabeza el día anterior. Aún le sangraba un poco la herida. La mujer de la casa se había marchado al hospital con su marido y no pudimos verla.

    Alba y yo seguimos nuestro camino y estuvimos un buen rato en silencio. Poco a poco, tratábamos de digerir lo que habíamos vivido esos días en Basti.

    La subida del camino parecía muy dura y al final no nos resultó para tanto. Paramos a comer unos huevos duros, una lata de atún que guardábamos desde Lumbini y un paquete de noodles crudos. Después de tres horas de camino, paramos de nuevo para beber un chía (té negro que puede llevar leche). Para comer solo teníamos ese paquete de noodles y a mí me hace muy poca gracia la comida empaquetada. Hubiese preferido un DalBat o Tarkari (platos típicos allí), aunque ya hubiésemos comido miles de veces. Maldito progreso que llega incluso más lejos que las carreteras.

    Mientras terminábamos de comer, apareció un tractor que llevaba bidones. Alba y yo lo vimos claro, sería nuestro transporte hasta Kunti Bandalai. Le dijimos a Kamal que preguntara si era posible subirnos en el remolque hasta allí y Alba, Samita y yo compartimos remolque con algunas de las niñas de la escuela. ¡La verdad es que fue divertidísimo! Menos mal que no fuimos andando, sino habrían sido unas cuantas horas más.

    Llegamos al pueblo y vimos que las casas y las tiendas estaban hechas con chapa, algo no muy agradable a la vista. Apenas vimos mujeres por la calle. Había un niño muy gracioso, con cara de pillo, muy sucio y muy delgado que siempre veíamos trabajando: fregando, cuidando cabras o ayudando a borrachos a llegar a sus casas.

    Debajo de casa siempre había una cuadrilla de hombres que caminaban haciendo eses alrededor de un cubo de basura enorme lleno de botellas de Rakshi (una bebida alcohólica muy demandada en Nepal). El sitio era horrible. Todo el día había hombres borrachos vagando, el niño que vimos trabajando para ellos siempre muy feliz, las mujeres cargando kilos sobre sus cabezas y las niñas con piedras en la mano “por lo que pudiera pasar”, sabían muy bien lo que hacían.

    Este niño, como muchos otros, no iba al colegio. De esta forma no estábamos llegando a toda la población, sino a la más “civilizada” (sin que esta palabra tenga connotaciones positivas siempre); pero había otra gran parte que nunca gozarían del privilegio que suponía allí la educación. En Basti lo vimos más que aquí, muchas niñas pequeñas que no tendrían más de siete o nueve años llevaban a sus hermanos en brazos y merodeaban por el patio del colegio mientras el resto de niños de su edad estaban en clase.

    Los profesores parecían más involucrados que en Basti, interactuaban más con nosotras. Sin embargo, nos encontramos un par de clases que eran muy poco receptivas.

    El primer día, nos enteramos de que, ese mismo año, UNICEF había estado allí haciendo un proyecto contra el Chhaupadi que –según la sensación que tuvimos– hizo bastante daño. Las mujeres, organizadas como “health volunteers”, se hacían distinguir con un saree (atuendo tradicional) azul y le preguntaron a Clara si les darían dinero por hacer las fotos y acudir a las charlas como había hecho UNICEF. Cuando nos lo contó, nos quedamos bastante paradas. ¿Dinero? ¿De verdad?

    También encontramos una clase –la de las niñas más pequeñas– que fue la única que no dio importancia a cómo vivían la regla y no dijeron nada que no les gustase sobre sus prácticas habituales durante la menstruación. Sin embargo, seguimos la clase compartiendo información sobre menstruación, sexualidad y ciclo menstrual, pasando muy por encima del tema del Chhaupadi. Si ellas no querían cambiar ese hábito, no había mucho que hacer.

    Las mujeres, a través de la fotografía, mostraron costumbres diferentes a la hora de practicar el Chhaupadi. Aquí no podían tocar ninguna fuente ni ducharse.

    Una de las mujeres fotografió el momento en el que, un bebé que había dormido con su madre menstruando en el chaughot, era purificado por la mañana con un baño y, tras ello, otra mujer lo recogía y se encargaba de él durante el día.

    Otra de las fotos destacaba que los utensilios que utilizaban para comer esos días solo podían ser utilizados por ellas, no por otros miembros de la familia y se quedaban fuera del chaughot, nunca dentro.

    Cuando salimos de Kunti Bandalai, comenté con Alba la respuesta de Clara cuando le mandamos el programa: “demasiado atrevido”. Mientras ella y Pepa se reían de las imágenes de las vaginas que aparecían en los carteles que queríamos poner en clase, Alba y yo estábamos convencidas de que todo saldría genial. Estábamos muy contentas de cómo lo habíamos planteado.

    Ni en Basti ni en Kunti Bandalai cambiamos los contenidos, pero añadimos sobre la marcha alguna dinámica en función de la participación que había en clase. También he de decir que los niños y las niñas nepalíes son un auténtico amor a la hora de comportarse. ¡Hemos disfrutado tanto con ellos! Habría sido fantástico crear más vínculo y compartir más momentos fuera de los programas escolares.

    Compartir con otras enfermeras diferentes perspectivas sobre la menstruación, la sexualidad o la masturbación y conocer las supersticiones que ellas mismas practican fue muy gratificante. Ellas serán enfermeras generadoras de cambio allá donde eduquen.

    Me sorprendió cuando Susmila me dijo que, al contrario de lo que yo pensaba, era más útil que viniéramos a dar nosotras las clases a que las dieran ellas, ya que ellas también tenían supersticiones y tradiciones parecidas. Para los jóvenes, al parecer, por ser “blanquitas”, tenemos más razón y somos más convincentes. En ese momento, me vi a mi misma como el “símbolo del progreso” que tanto rechazaba y fue algo que no me gustó.

    Seguimos hablando sobre el futuro, el matrimonio y la maternidad y generalizó mi respuesta a todas las mujeres de la península, le pedí que no se creara una imagen errónea de occidente a partir de nosotras, puesto que no somos –en absoluto– una representación de ello.

    Me enorgullece mucho haber formado parte de ese proceso. No por la paradoja que representa el “egoísmo de ayudar” para sentirme mejor y que mi entorno reconozca lo “buena persona que soy”; sino porque es un aprendizaje de los más profundos que te pueda regalar la vida. Cosas como cómo comunicarte con alguien que no habla tu idioma ni alguno parecido, saber cómo se puede ser feliz sin caer en el consumismo extremo de occidente, que la felicidad no tiene que ver con el éxtasis consumista que intentan vendernos; respetar los valores y tradiciones de una cultura que dista de la nuestra; impregnarme lo máximo posible sin juzgar de una forma occidental o aprender cosas tan simples como ducharte en la fuente de un colegio, lavar la ropa a la mano y vivir sin papel de baño.

    Trabajar en un equipo multicultural con la barrera lingüística nepalí-inglés-castellano también ha sido todo un reto. Asumir “roles de poder” porque es la dinámica más fácil de llevar no conlleva nada bueno, que en un equipo se deben escuchar todas las partes, incluso las que no hablen por miedo, falta de confianza, timidez o “mochila cultural” de asentir a todo y no quejarse. Detectar barreras e intentar tirarlas en lugar de agrandarlas para dar nuevas oportunidades es nuestra razón de ser.

    Aprender a dormir lo suficiente, acostarme a horas que jamás habría imaginado y madrugar sin problema; desconectar del mundo y vivir sin internet; prescindir de estímulos externos a miles de kilómetros de distancia; aprender a estar tranquila y lanzarme a hacer cosas que siempre había querido como hacer percusión, hacer macramé, escribir y fomentar la introspección, conocerme a mí misma o disfrutar de un biri indio mientras contemplo un paisaje, algo para lo que nunca había tenido tiempo; y, caer en la cuenta, de que se está mil veces mejor sin la conexión a la que estamos acostumbrados. Aprender a confiar en mí misma y, sobre todo, aprender a adaptarme a cualquier y, repito, cualquier acontecimiento.

    Creo que estamos desarrollando una capacidad de adaptación brutal, desde los cambios nepalíes que obligan a reestructurar todo en el último momento, hasta a temperaturas inaguantables, comidas y olores peculiares.

    “Tolera la incertidumbre”, jamás olvidaré esa frase.

    Así, esta capacidad de adaptación y aceptación de las circunstancias es algo que deberíamos copiar de esta cultura. Es cierto que esta actitud que puede llegar a ser conformista o pasiva es percibida como algo negativo; pero, ¿el inconformismo y la autoexigencia occidental es mejor? ¿Querer cada día más? ¿Competir continuamente para conseguir las necesidades creadas?

    Aún queda mucho por reflexionar y no somos nadie para juzgar.

    Kunti Bandali. Trodden path.

     

    Recordad que seguimos necesitando vuestra ayuda para recaudar fondos y seguir con nuestro proyecto. Podéis hacer donaciones en:
    https://www.migranodearena.org/es/reto/13821/rato-baltin-nepal—facing-chhaupadi-with-menstrual-education/

    Puedes hacer una donación puntual o ser colaborador habitual realizando transferencias periódicas (mensuales, trimestrales o anuales) por el importe que desees.

    Transferencia bancaria a la siguiente cuenta bancaria:

    Titular de la cuenta:  Associació be artsy

    Banco: Banc Sabadell

    IBAN: ES23 0081 0900 8200 0430 1934

    BIC: BSABESBB

    Concepto: Donación puntual o periódica (según opción elegida).

    (Tu donación periódica nos ayudará a tener una mejor planificación de nuestro presupuesto para llevar a cabo los proyectos emprendidos.)

  • Diario de viaje: Camino hacia el Far-West Nepali

    Diario de viaje: Camino hacia el Far-West Nepali

    Salimos de Kathmandu el día 26 de febrero a las 3 de la tarde: Kamal, el Project Manager Nepalí; Susmila, la enfermera que hemos contratado para hacer los trainings de Ruby Cup y higiene Menstrual con las chicas y yo (Clara Go).

    Después de subir en el autobús los 40 Cubos y maletas con materiales que nos llevamos en este viaje, empezamos el trayecto hacia Dhangadhi con ilusión y nervios. Llevábamos tantos meses trabajando para que llegara este momento, que el viaje se hizo más largo y pesado de lo normal.
    Salir de Kathmandu suele ser difícil, según a que hora 6 o 7 horas y este día fue lo que nos tocó. Salimos en hora punta. La carretera hacia Chitwan, que estaba en construcción hace 6 meses, sigue estándolo. Parece que será una de las muchas carreteras interminadas en este país.

    Cuando por fin llegamos a Chitwan, acabando la zona de la carretera en obras, el limpiaparabrisas del autobús se rompió al ser golpeado, nadie sabe muy bien como, por un camión que iba en dirección contraria y que se dio a la fuga. Normalmente los Nepalíes son muy calmados y tranquilos, pero ese día nos tocó un conductor, que ni corto ni perezoso, dio media vuelta así que pudo y se puso a perseguir al camión durante una hora en dirección Kathmandu otra vez! Al final, tras parar varias veces y hablar con policías varios, encontraron al camión escondido, se pusieron de acuerdo en que pagaría el cristal y volvimos a dar la vuelta en dirección Dhangadhi, donde llegamos pasadas las 12 del mediodía del día siguiente. 22 horas de bus.

    Buscamos el hotel donde habíamos quedado con la enfermera matrona y la enfermera especializada en salud familiar y comunitaria españolas, Y con la otra enfermera Nepalí de la Zona.
    Tuvimos una reunión con una de las profesoras del Seti Makali Nursing Campus y una vez estuvimos ya juntos el equipo entero, empezamos a preparar como imaginábamos que podríamos hacer todo el trabajo que teníamos planeado.

    Al día siguiente, 28 de febrero, después de 12 horas de Jeep terroríficas en las que casi todos nos mareamos como niños, llegamos a Mangalsen. Allí nos esperaba un periodista amigo mío y su familia que amablemente nos habían preparado la cena y nos dejaron dormir en su casa (ocupando su propia cama).

    1 de Marzo: Mangalsen amanece nublado. El camino a Basti son 8 horas a pie, o 2 en jeep y 2 caminando. Optamos por el jeep, pero la lluvia, nos hizo dudar de si quedarnos un día más allí, pero al final paró de llover y salimos en Jeep hasta el punto donde nos esperaba 4 mujeres “porters”, para ayudarnos con todo los materiales. Después de 3 horas de bajada por un camino súper empinado. llegamos a Basti. Un pueblo que parecía salido de una película. Precioso y auténtico. Pero todos sabíamos que la vida allí no era lo ideal que parecía…

     

    Recordad que seguimos necesitando vuestra ayuda para recaudar fondos y seguir con nuestro proyecto. Podéis hacer donaciones en:
    https://www.migranodearena.org/es/reto/13821/rato-baltin-nepal—facing-chhaupadi-with-menstrual-education/
    Proyecto Baltin Project.

     

     

     

     

     

    Escrito por Clara Go - Photos from different cameras and phones ©: Clara Go
  • #RatoBaltin, Éxito total de la primera parte

    #RatoBaltin, Éxito total de la primera parte

    Todas las fotos de este post están hechas por las chicas durante la parte de fotografía participativa #BreakTheSilence #MaunataTodau. En breve las pondremos a la venta y el dinero será para las autoras.

    Hace días que no dábamos señales de vida, pero es que los acontecimientos nos arrastran, tanto en Nepal como en Barcelona.
    Os escribimos una pequeña nota para que sepais que os tenemos en mente y que pronto vamos a publicar todo lo vivido durante estos intensos meses.

    De momento explicaros que las enfermeras voluntarias españolas, el personal Nepali y Clara, hemos estado ya en 2 poblados en Achcham con el proyecto y que está siendo un éxito total: Las mujeres están encantadas con toda la parte de educación en higiene menstrual. Las niñas están muy agradecidas por las copas menstruales que Ruby Cup nos donó y que estamos repartiendo como proyecto piloto. Tenemos lista de espera para cuando tengamos más! Y tanto niñas cómo mujeres se han mostrado entusiasmadas con la parte del proyecto que implica fotografía. Tenían necesidad de hablar del Chhaupadi! Sin nosotras decir ni una sola vez ese nombre, ellas nos empezaron a traer fotos de las cabañas y restricciones que sufren cuando tienen la menstruación.
    Después de los talleres, muchas de ellas han decidido cambiar cosas que hasta ahora hacían. Poco a poco estamos convencidas que el cambio llegará.

    Alba ha estado trabajando, juntamente con todos el resto de voluntarios para llevar redes sociales y traducciones, y para preparar una exposición que se inauguró el pasado 17 de Marzo.
    Para los que estéis en Barcelona, si os interesa ir a ver y comprar alguna fotografía, es en Greenage Club Barcelona, Rosello, 254, 08037 Barcelona y hay expuestas tanto Asia 14-16 como la ganadora del Photogenic Festival 2016 – SPECIAL. Como es un club privado, os tenéis que hacer socios para entrar, pero la buena noticia es que si decís que vais a ver la expo os cobran un 50% menos en la cuota anual: Solo pagareis 10 euros y de esos 10 ellos nos hacen donación a be artsy de 5 euros! ¡Así que solo visitando la expo ya nos hacéis una donación!

    Para los que no hayas hecho donación para el proyecto, recordaros que quedan solo 9 días de Crowdfunding. Seguimos necesitando dinero para los siguientes poblados en Karnali Zone, En el distrito de Kalikot. Os animáis a hacer hoy vuestra donación? 🙂

    Para el resto: Podéis compartir en redes sociales el enlace a ver si entre todos le damos un empujón? Toda ayuda es bienvenida!

    Muchas gracias por todo.

    El enlace de donación en castellano es éste: http://www.migranodearena.org/es/reto/13821/higiene-menstrual-en-nepal—chhaupadi/

    Página del proyecto: http://beartsy.org/es/rato-baltin-project-chhaupadi-proyecto-cubo-rojo/
    Web: http://beartsy.org/es/
    Facebook: https://www.facebook.com/beartsyNGO/

    Escrito por Clara Go - © de las fotos: Sus autoras, Niñas de Basti y Kunti Bandali